domingo, 3 de enero de 2010



Ana vio a ese monstruo que la atormentaba, a esa pesadilla incansable, a esa risa malévola, en ese sueño incierto, que solo pudo arrancarse la conciencia a tiras. Las tiras fueron olvidadas, escondidas, enterradas en lo mas profundo de su nulidad como pensante. Despues de enterradas solo la quedaba su cuerpo (vil cárcel del espíritu olvidado), aquel del cual no es dueña, solo es dueño el deseo, el deseo de no saber(vivir) ...












La libertad es poder elegir...




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