Y perdiste el mundo entero.
Temiste al Dios que tienes dentro.
Y ahí solo en el caos te quedaste fundido.
El hierro retorcido te aflige cual soga.
Y rompo tus esquemas al compás de mis pensamientos.
Rotos, feos, inservibles, vomitivos así son, ¿que esperabas?.
Pero vuelves y esta vez no habrá más.