lunes, 14 de diciembre de 2009

Martín miró tan fijamente a aquella chica del final de la barra, esa que veía todas las mañanas a las 8.35 tomándose un café con leche desnatada, que hasta ella se dio cuenta de su mirada, le miró con cierta incertidumbre y poco después le esbozó una pequeña sonrisa.
Día tras día Martín iba a las 8.35 a aquella cafetería de Tribunal, aunque le pillaba un poco lejos del trabajo, daba igual, solo quería ver a aquella chica de pelo negro y con un lunar. Un día en la cafetería ella no sonrió, y el se extrañó, ella se fue cabizbaja, el no podía pasar sin su dosis diaria de lunares. Aquel día él la siguió, ella extrañada de verle por todas partes empezó a sentir miedo, harta de tantas carreras, de huir de él, decidió parar, y gritarle que era lo que quería, que porqué la seguía , Martín solo pidió su sonrisa.


Sí, Martín se había enamorado de la sonrisa de Olga.









(día tras día, hora tras hora, mi cuerpo gotea tu sudor...)

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